Otra nueva experiencia

Otra nueva experiencia

El resto de la semana transcurrió con la monotonía típica de los días laborables, sin demasiada intensidad sexual, ya que tanto Ana como yo teníamos mucho trabajo y llegábamos bastante tarde a casa, muy cansados, aunque eso no evitó un polvo el miércoles y algún que otro trabajo manual por ambas partes.

El viernes fui al banco ya que el director de la oficina me llamó para comentarme que lo trasladaban de zona y quería presentarme a la nueva directora de la oficina. A las nueve, con puntualidad suiza, estaba en la sucursal. El despacho del director estaba cerrado y la chica de caja me dijo que enseguida terminaría con unos clientes a los que estaba atendiendo. Así fue, en menos de dos minutos se abrió la puerta y Toni, el director, se despidió de sus clientes:

–          Pasa, pasa. ¿Cómo estás? – Toni

–          Bien, tan liado como siempre, pero bien, no me puedo quejar. – Yo

–          Te presento a Marta, la nueva directora de la oficina. – Me dijo mientras entrábamos al despacho , donde…

Sonreímos los dos, la nueva directora y yo.

–          ¿Qué pasa? ¿Ya os conocéis? – Toni

–          Sí, nos vemos a menudo, jejeje. Somos vecinos! – Contestó Marta

–          Que sorpresa, entonces todo será más fácil para vosotros, pero no la agobies fuera del trabajo que la pobre va de culo – Toni

–          No, no se me ocurriría, el trabajo en la oficina, fuera de aquí lo que quiera menos trabajo. – Yo

Reímos un rato.

–          Fuera de aquí no tengo vida!!! Llego muerta a casa y no me quito los quebraderos de cabeza. Y como no tengo servicio como otros!!! – Dijo mientras me miraba con una cara de pícara que me encantó.

–          Veo que tú si sabes montártelo. – Toni

Hubo más risas durante unos minutos más y pasamos al tema profesional. Toni le explicó todos los productos que teníamos a nivel de empresa y la operativa. Después nos comentó que se tenía que ir a una reunión y que si no nos importaba que nos dejaba solos, siempre muy cortés y amigable. Marta seguía preguntando cosas de la empresa, etc. Se notaba que era una gran profesional.

–          Pensaba que los directores de banco vivíais mejor, vuestras horitas y para casa. – Yo

–          Eso era antes con tantos cierres de oficinas, despidos, etc, se están aprovechando y si te gusta bien y si no te invitan a dejar el puesto. Si no fuese por la hipoteca! – Risas – También ha influido mi separación, tal vez me he refugiado en el trabajo, pero eso me ha hecho crecer en lo profesional, aunque me ha apartado de lo social. – Marta

–          ¿Cuánto hace que no sales por ahí? – Yo

–          Ufff, ni me acuerdo, meses, además antes de venir aquí vivía en Pamplona, con lo que la mayoría de amistades las tengo allí y todas tienen su vida montada, hijos, etc. – Marta

–          Pues ya toca un poco, esta noche nos vamos a cenar y a tomar unas copas los tres. Ana y yo ya lo habíamos decidido y seguro que estará encantada de que nos acompañes. – Yo

–          No quiero molestar, seguro que teníais planeada una cena en pareja tranquila, ¿qué pinto yo? – Marta

–          Que sí, estamos siempre que queremos solos, será un placer. Si te parece bien te picamos a las nueve y no se hable más- Dije mientras me levantaba de la silla dispuesto a salir del despacho.

–          Vale, vale, si te pones así, a las nueve está bien – Dijo Marta sonriendo.

Nos despedimos formalmente y me fui camino de mi oficina. Desde el coche llamé a Ana para comentarle todo lo ocurrido y la invitación a nuestra vecina.

–          Hola cariño, ¿a que no sabes con quién he estado? – Yo

–          Hola, pues no, no tengo ni idea – Ana

–          Como te dije he estado en el banco por el tema del cambio de director y no te imaginas quien es la nueva directora. – Yo

–          No puede ser, ¿la vecina? – Reaccionó rápido Ana

–          Sí, jejeje. – Yo

–          Estás contento eh!!! A partir de ahora iré yo al banco, jajaja – Ana

–          Me ha estado comentando lo agobiada que está del trabajo, que no sale nunca, bueno, lo que ya nos ha explicado alguna que otra vez de pasada, pues hoy con más detalle. Me sabe mal verla así porque se le ve muy profesional además de muy buena tía y la he invitado a salir con nosotros esta noche, espero que no te importe. – Yo

–          Pillín, pillín. No me importa pero lo podías haber consultado antes. – Ana

–          Lo siento, tienes razón, pero es que ha ido sobre la marcha, si prefieres me invento alguna excusa y le digo que no podemos. – Yo

–          No, no, tranquilo, que me parece una tía estupenda y seguro que lo pasamos bien, además ya conoce algunos de nuestros juegos, jajaja- Ana

–          Por un momento pensé que te habías enfadado. – Yo

–          No, que va, me parece muy bien, sólo que me había hecho a la idea de al llegar a casa… ya sabes… echar un buen polvo. Pero lo podemos hacer igual, o tal vez sea diferente, jejeje. Cada vez me gusta más la idea de que la hayas invitado. – Ana

–          Jajaja, cada día eres más morbosilla, me encanta! Hasta luego zorrita! – Yo

–          Ehhh!!! Que la has invitado tú y me llamas zorrita a mí, jejeje, bueno cada vez más, pero por tu culpa, yo era muy recatada. – Ana

–          Jajaja, ¿Y no disfrutas más ahora? – Yo

–          Eso sí, mucho más!!! Hasta luego capullín – Ana

Estaba deseando que llegaran las nueve y gracias a la cantidad de trabajo que tenía, enseguida se hizo la hora de comer. Sonó un WhatsApp:

–          ¿Estás comiendo? – Ana

–          Voy ahora, ¿y tú? – Yo

–          Sí. Estaba pensando en qué ponerme esta noche – Ana

–          Algo sexy, puedes ponerte el vestido de flores ajustado, corto, con unos zapatos de tacón, ya sabes cómo me pones con él – Yo

–          Jejeje, te vas a poner cardiaco y no estaremos solos. Te veo toda la noche con el pantalón apretado en la entrepierna, entre los tacones que te ponen a cien, el vestido que me marca hasta el carnet de identidad y la compañía que ya me dijiste que también te pone… jejeje – Ana

–          Ya sabes que me va el morbo. ¿Te gustaría revivir esas experiencias que tuviste de jovencita con Esther, pero con Marta? – Yo

–          Jejeje, ya sabía yo!!! Mmmm, es muy guapa y tiene unas tetitas muy apetecibles, lo que pasa es que ahora soy más zorrita y le comería algo más que las tetitas, jejeje, creo que sí, que también me gustaría probar, como tú hiciste con Alberto – Ana

–          ¿Crees que se convertiría en un problema siendo nuestra vecina y directora del banco ahora? – Yo

–          No tiene por qué, somos adultos y creo que a estas alturas no tiene porque haber problemas. – Ana

–          Vale, es por si surge, no tener dudas, jejeje. – Yo

–          Por mi parte… estoy deseando! Después de probar lo de Alberto que tanto nos gustó, hay que probarlo con Marta si se puede claro. – Ana

–          Lo pasaste bien con Alberto, ehhh!!!! – Yo

–          Con Alberto y contigo, fue una pasada!!! Disfrute muchísimo, hice realidad una de mis fantasías y además tenía una polla espectacular!!! Pero no me hables de eso que me vuelvo a poner cachonda perdida!!! – Ana

–          ¿No te gusta recordarlo? – Yo

–          Me encanta pero me entran unas ganas de tocarme que no puedo contenerlo y estoy en el restaurante, aunque estoy al final, de espaldas. – Ana

–          Jejeje, recuerda su polla, suave, inmensa, apenas me cabía en la boca y sus huevos… mmmm, recuerda cuando tenías una en cada mano y las ibas chupando, primero una y luego la otra… recuerda cuando te follaba mientras te daba esos azotes que tanto te ponen en ese pedazo de culo que tienes, recuerda cómo te follamos los dos, yo por el culo y él por el coñito…. Mmmm – Yo

–          Joder, para que me estoy mojando… – Ana

–          No has dicho que no te ve nadie, tócate, vamos, tócate el coñito recordando esos momentos, recordando estar con dos pollas para tu entero placer, mmmm, recuerda cuando me besaste después de sacarte su verga de la boca mientras me la pasabas por la cara, recuerda cuando se la comí yo, mmmmm, que rica… – Yo

–          Me estoy tocando y punto de correrme, espero que no venga nadie ahora, sigue, no puedo escribir con una mano sola!!! – Ana

–          Recuerda cuando Alberto soltó aquel lechazo sobre tu cara y después yo, llenándote de nuestro más intenso placer…. Mmm, que momento!!! Recuerda cómo te limpiamos la cara y como acabamos las tres bocas llenas de leche jugando con nuestras lenguas…

–          Uffffff!!!!!!! Joder, que capullo eres, me has puesto a mil y me he corrido aquí, yo sola, aguantando los gemidos, ufff, que viene el camarero… – Ana

Después de unos minutos:

–          Ya se ha ido y creo que cachondo perdido, porque tengo los pezones como piedras, roja como un tomate y seguro que el olor de mi coño le ha llegado hasta su prominente nariz. – Ana

–          Jajajaja, ¿era guapo por lo menos? – Yo

–          El de siempre, ya lo conoces, para nada guapo, si no igual no respondo y se la saco aquí mismo, jajajajaja, pero por tu culpa que me pones a milll y ya sabes que pierdo el control. Es broma cariño, bueno solo la última parte, sabes que no haría nada con nadie sin que estuvieras tú, aunque si vinera Alberto ahora creo que te pediría permiso, jejejeje – Ana

–          Si me pides permiso y es Alberto creo que te lo concedería, jejeje pero siempre que luego me lo cuentes. ¿Estás más relajada? Jejeje, me ha encantado que te hicieras una pajita así, poniéndote cachondo en la distancia, mmmm. – Yo

–          Eres la hostia, no sé cómo lo haces pero al final siempre acabas poniéndome como una perra aunque no estés a mi lado, te quiero!!! – Ana

–          A la noche seguirá, solos o acompañados, pero seguirá… ¿Qué prefieres los dos solos o con nuestra vecinita? – Yo

–          Hombre, ahora ya me has puesto el caramelo en la boca y me gustaría probar con ella, ¿A ti no? – Ana

–          Me encantaría!!! – Yo

–          Ya lo sé, ya me dejaste claro que es muy guapa y que está buenísima, jejeje. Y tú, ¿te ve alguien comiendo? Me toca a mí hacerte lo mismo, ponerte a mil por WhatsApp – Ana

–          No puedooo, ¿qué quieres que me la saque aquí en medio?, tú es diferente, pero yo me la tengo que sacar, desabrocharme el pantalón, etc. – Yo

–          Pues ves al lavabo, ahora me toca a mí y quiero que te hagas una pajaaa!!! – Ana

Me llega una foto de sus piernas, sentada en el restaurante con el vestido subido y tocándose el coño y otra de sus dedos empapados de su corrida.

–          Mira como me has dejado, así que ahora te toca a ti, sino no haber empezado. Paga y ves a un lavabo, es una orden. – Ana

Hice lo que me ordenó, pagué con la presión que sentía sobre mi pantalón de lo cachondo que estaba y me fui a un lavabo del centro comercial, a esa hora no había casi gente. Entré en un wc, que estaban delante de los lavamanos y me bajé los pantalones, no había nadie en ese momento, abrí la puerta y la en el espejo se reflejó todo lo cachondo que estaba, mi polla dura como una piedra mirando hacia arriba, aproveché ese momento para hacerme una foto y enviarla por WhatsApp a mi mujer.

–          Uffff, cómo estás cariño!!!!, mmmm!!! Lo que daría por estar ahí y poder comértela hasta que te corrieras en mi boca… mmmm. Tócate, acaricia esa polla que tanto me gusta, tan dura, tan suave, sin ni un pelito!!! Imagínate que hubiese coincidido aquí Alberto conmigo… Te lo hubiera dicho por WhatsApp y poco a poco me hubiese puesto cada vez más cachonda hasta querer comerle su grandiosa polla, te lo digo, te digo que estoy cachonda como una puta, que no puedo evitar pensar en su pollón, que quiero comérsela, que quiero que me folle…

–          Me estás poniendo a milll!!! Sigue… – Yo

–          Alberto me confiesa que recuerda muchas veces el día en la playa, incluso cuando folla con su novia… Yo le pregunto si se masturba recordándolo y le digo que nosotros también lo recordamos. – Ana

–          Sigue por favor, me gusta la historia y mi mano ya no puede parar, jejeje – Yo

–          Te envío un selfi que me hago con él y te pongo que se acuerda mucho de nosotros, él y su polla, jajaja. Él está viendo lo que te escribo, incluso me pide el teléfono para escribirte – Es cierto los dos, yo y mi polla pensamos mucho en vosotros, disfruté del sexo como nunca, aunque tengo remordimientos cuando estoy con mi novia, pero que me quiten lo bailao!!! Jajaja – Ahora le contestas tú: – Disfrutamos tanto que compré un vibrador del tamaño de tu polla y con él te recordamos, jejeje. – Alberto te dice: que me estás poniendo cachondo y hoy está solo tu mujer, no respondo. – Le contestas: Toda tuya, te la cedo por un rato, creo que fue la que más disfrutó. Entrar al lavabo del Corte Inglés que lo tenéis cerca y follar pero documentarlo por favor. – Ahora cogí el teléfono, leí lo que habíais escrito y te contesté: – En serio, ¿quieres que follemos en el lavabo? – Me contestaste: Estás deseando, él también y me encanta que disfrutes. Venga entrar en el lavabo y follar. – Durante un rato no escribimos nada más pero al cabo de unos minutos te empezaron a llegar fotos, la primera de su enorme polla en primer plano, tan depilada como aquel día, después un selfi que me hice comiéndosela, la siguiente una que hizo él mientras me follaba por detrás y se veía mi culo con una marca roja de su mano del cachete que me había dado…

–          Cariño, cariño que no puedo más, me voy a correr. – Yo

–          Sí, venga córrete imaginando las últimas fotos que te enviamos de mi cara llena de su leche resbalando por mis mejillas y después de un selfi con nuestras lenguas juntas llenas de semen.

–          Joderrrrrr, que he llenado toda la puerta de leche, jejeje, cómo me has puesto de cachondo. – Yo

–          Has empezado tú, así que no te quejes, jejeje. ¿Te ha gustado? Espero que para la noche estés recuperado, que a lo mejor tienes que lidiar con dos hembras!!!  – Ana

–          Eso espero!!! Vamos a trabajar más relajaditos lo que queda de día, hasta luego canchondilla. – Yo

–          Hasta luego cachondón!!! – Ana

La tarde transcurrió con el trabajo cotidiano y por fin llegó la hora de llegar a casa. En el parking ya estaba el coche de Marta, lo cual indicaba que nuestra vecinita ya estaba en su casa.

–          Hola cariño!!! – Yo

Nadie respondió, Ana aún no había llegado. Escogí la ropa, algo de sport pero con un toque elegante, hacía calor. Me disponía a entrar en la ducha, cuando:

–          Hola cariño!!! – Ana

–          Hola guapa, ¿Cómo ha ido la tarde? Ya sé que la comida ha ido bastante bien, jejeje – Yo

–          Bien, ya te contaré, el negocio va bien, pero ya hablaremos de eso en otro momento, es viernes y tenemos cena. Cómo permites que me follen otros por ahí, en lavabos de grandes almacenes, jajaja. Que capullo eres, me pones siempre como una moto y no respondo. – Ana

Me decía mientras cogía mi paquete por encima del pantalón y me besaba en el cuello.

–          Seguro que es la primera vez que te has masturbado en un restaurante tú sola. – Yo

–          Pues sí, jejeje, pobre camarero, habrá pensado que estoy más salida que una perra en celo!!! Y tú, ¿te la has machacado muchas veces en un lavabo de unos grandes almacenes? – Ana

–          La verdad es que tampoco lo había hecho nunca, pero fue una orden tuya y no podía desobedecerte, jejeje. – Yo

–          Así me gusta, tan obediente. Por cierto un buen reencuentro con Alberto, jajaja. Habrá que llamarlo algún día, ¿no? – Ana

–          Te ha gustado follártelo tú sola en el Corte Inglés, jejeje – Yo

–          Tenemos unas mentes muy calenturientas, jejeje – Ana

Nos fuimos a la ducha y nos vestimos, Ana estaba increíble, como me gustaba verla con los tacones y el vestido ajustado, que culo y piernas más bonitas le hacía. Es que sigo muy enamorado de ella, es realmente guapa.

–          ¿Ya estás lista?, son casi las nueve. – Yo

–          No cariño, me falta un poco. Por qué no la llamas y la invitas a tomar una copa aquí mientras acabo y de paso veo cómo va vestida por si me cambio otra vez, jejeje. – Ana

–          Vale presumida, yo también tengo ganas de ver como se ha vestido, jejeje. – Yo

Piqué al timbre y a los pocos segundos me abrió la puerta. Estaba guapísima, con una falda corta, una camiseta de tirantes de esas que se ajustan bien, de color blanco, una blusa transparente encima de la camiseta y unos zapatos de tacón como los de Ana pero en color azul, cerrados de adelante. Ufff!!! Que dos pedazos de mujeres!!!

–          Hola, estás guapísima!!! – Yo

–          Gracias, pero me voy aponer colorada – Marta

–          A Ana le faltan 10 minutos pero a mí me gusta ser puntual, pasa y nos tomamos una copa mientras la esperamos, si ya estás lista claro. – Yo

–          Sí, sí, ya estoy, un momento que cojo el bolso. – Marta

Fuimos a nuestro piso y le ofrecí una copa mientras esperábamos a Ana, la que salió un momento a saludar y volvió al baño, bueno, más bien a chafardear como iba vestida. Nos tomamos un vermut blanco mientras esperábamos. No tardó más de cinco minutos y salió radiante, guapísima, lo dicho, vaya dos mujeres tenía esa noche, una seguro y la otra tal vez.

–          Qué guapa estás – Ana a Marta

–          Ni mucho menos tanto como tú – Marta

–          Bueno yo soy el feo de los tres, eso está claro. ¿Quieres una copa Ana? – Yo

–          Sí por favor. Bueno Marta, veo que mi marido te ha convencido para salir un poco. – Ana

–          Pues sí, tienes un marido muy convincente, jejeje. – Marta

–          No lo sabes bien. – Ana

–          No sé qué os parece pero he reservado en el restaurant xxxxx para las 10. – Yo

–          Por mi estupendo, no lo conozco pero con lo animada que estoy cualquier sitio me está bien. – Marta

–          Es fantástico, tiene unas vistas de la ciudad impresionantes y además se come muy, muy bien. – Ana

–          Pues cuando queráis vamos. – Dije yo.

Bajamos en el ascensor al parking y nos montamos en mi coche. Les abrí las puertas a mis dos divas, lo cual me agradecieron y me alagaron de caballero.

De camino al restaurante fuimos conociéndonos un poco más. Marta nos contó su infructuoso matrimonio y que desde que se separó, cambio de ciudad y nunca más volvió a ver a su ex. El trabajo le sirvió de terapia y la distancia de olvido. La conversación era muy fluida y la verdad es que los tres nos encontrábamos muy a gusto juntos.

–          Es precioso, que vista tan increíble, me encanta. – Marta

–          Ya lo irás viendo, a mi maridito le gusta todo lo bueno, por eso está con nosotras dos esta noche, lo mejor de la ciudad. Jajajaja – Ana

–          Sin duda alguna, seguro que soy la envidia de todos. – Yo

Disfrutamos de una cena muy agradable a base de pescado y marisco donde cayeron 2 botellas de vino, más una cañita antes y el vermut de casa, ya se empezaban a notar los efectos del alcohol en forma de un poco de risa tonta más de la cuenta por parte de las chicas. Yo no bebí tanto ya que tenía que conducir.

De repente Ana dijo:

–          Qué vergüenza el otro día cuando salí al rellano con el modelito y me pillaste. Jajajaja. Estuvimos riendo un buen rato. Jajaja.

–          Jajajaja. Pero seguro que se os pasó pronto la risa para que os entrara otra cosa. – Marta

–          Cómo lo sabes!!! Es que tengo un servicio que es la leche. Jajaja – Yo

–          Espero que no se oyera demasiado desde tu piso. – Ana

–          ¿El qué, las risas o lo otro? Jajaja – Marta

–          ¿Se oyó también lo otro? Aún más vergüenza. Jajajaja – Ana

–          No sé si es que se oía más de la cuenta o yo que con tanto tiempo de sequía agudicé el oído, pero me animasteis la noche. Jajaja – Marta

–          Entonces todos lo pasamos bien, ¿no? ¿Le diste gustillo al cuerpo aunque fuese en solitario? Jajaja – Yo

–          Cariño!!!! No preguntes esas cosas, que son muy privadas, a ver si se va a enfadar. – Ana

–          No, no, tranquila, me siento muy bien con vosotros y necesitaba reírme de verdad, con ganas, como lo estoy haciendo y volver a sentir lo que es vivir. Gracias por convencerme y tranquilos que no me enfado por nada. – Marta

–          De nada, gracias a ti por venir, nosotros también estamos muy bien, a él se le nota mucho. Pues bueno sino te enfadas contéstale, jajaja. – Ana

–          Una no es de piedra y oyendo como lo estabais pasando me animé y también quise jugar un poco con mi cuerpo. Hacía meses que lo tenía todo dormido, fue como un volver a despertar. Imagino que después de verte vestida de sirvienta tan sexy, oíros disfrutar como locos, también puedo confesarlo, sí, me toqué. – Dijo Marta mientras se bebía una última copa que quedaba de vino para tapar su cara avergonzada.

–          Me alegro mucho que contribuyéramos al despertar de tu deseo. Me siento muy alagado y considero que ese polvo tuvo una doble función. Jajaja – Yo

–          No seas bruto, que no estamos solos. Cuando hablamos de sexo, todo lo que tiene de caballero le desaparece, aunque reconozco que a los dos nos encanta!!! – Ana

–          Claro, las cosas por su nombre y en situación por su NOMBRE con mayúsculas, jajaja. – Marta

–          Desde que te separaste, ¿no has vuelto a estar con un hombre? Bueno me refiero un hombre, una mujer o lo que te guste, desconozco tus tendencias sexuales. – Ana

–          No, no he estado con nadie y con respecto a las tendencias necesito un par de copas más para seguir hablando. Jajaja – Marta

–          Pues vamos a tomar dos, o tres o las que hagan falta más, que esto me está encantando. – Yo

Dije mientras pedí la cuenta y las invité a ir de copas.

–          ¿Qué preferís, marcha o en plan más tranquilo que podamos seguir hablando? – Yo

–          Tú eliges Marta que hoy eres la invitada y queremos que lo pases muy bien para que te queden ganas de repetir. – Ana

–          Nunca he sido de demasiado jaleo y menos ahora que llevaba tanto tiempo sin salir, además me encanta charlar con vosotros. – Marta

Me dirigí a un local de tipo Hawaiano pero bastante innovador que habían abierto recientemente, en el cual las mesas quedaban escondidas entre un decorado muy bien realizado y que proporcionaba bastante intimidad. A las chicas les encantó, sobre todo los camareros que iban con un bañador tipo Tarzán y un collar de flores, luciendo sus jóvenes y fibrados cuerpos. No faltaron las risas y las bromas por parte de los tres.

Después de la primera copa Ana le preguntó:

–          ¿Ya tienes suficiente alcohol en ese precioso cuerpo como para contarnos cuáles son tus tendencias sexuales?

–          Mmmmm, va con segundas, jejeje – Yo

–          No sé, mañana me moriré de vergüenza. Empieza tú con las tuyas, siempre que se puedan decir. – Le dijo Marta a Ana

–          Por mi marido no hay problema, disfrutamos mucho de nuestras fantasías y de las realidades, jejeje. A ver… no me considero bisexual, pero reconozco que me atrae la idea de estar con una mujer también. – Ana

–          De hecho ya ha estado con una mujer, una amiga suya. – Yo

–          Pero eso fue hace mucho tiempo y no pasó de tocarnos un poco las tetitas, unos picos con lengua y poco más. Desde entonces no he vuelto a besar, ni a tocar a ninguna mujer, aunque sí he fantaseado con ello. – Ana

–          O sea Marta, ya sabes que se muere de ganas por pegarte un morreo. Jejeje. – Yo

–          Que la vas a asustar!!! No digas esas cosas. – Ana

–          No, no me asusto, tranquila, estoy tan a gusto con vosotros que puedo hablar de cualquier tema, aunque sea tabú como normalmente es el sexo. – Marta

–          Entonces responde ya que me muero de ganas por saberlo, jejeje – Yo

–          Y yoooo!!! – Dijo Ana

–          Bueno pues esperar…. – Marta

El nivel de alcohol ya había superado el listón de las risitas, pasado al de la desinhibición. Dio un buen trago de su copa y acercó su taburete al de Ana y sin decir ni una palabra se puso a besarla en la boca con lengua incluida. Mientras con un brazo la rodeaba, con el otro acariciaba su pierna, a lo que mi mujer aprovechó para acariciar sus pechos. Tras unos largos segundos para mi deleite, yo diría más de un minuto, se soltaron y Marta dijo:

–          Las cosas se explican mejor con hechos. Espero que no te hayas enfadado, pero desde que has contado lo de su “bisexualidad” tenía muchas ganas de besarte. Perdón a los dos.

–          ¿Perdón? Ha sido un momento maravilloso, mágico, que no me lo esperaba y os encuentro ante mí morreándoos y tocándoos, ¿perdón? Si a Ana no le importa, por mí, puedes repetirlo siempre que quieras. Jajaja – Yo

–          A mí tampoco tienes que pedirme perdón, me ha encantado y por cierto, tienes unos pechos para comérselos, además habíamos fantaseado mucho con este momento. Pero con esto no me queda claro si te has vuelto de la otra acera o te va todo como a nosotros. – Ana

Se levantó y se dirigió a mí, se sentó sobre mis piernas y empezó a hacer lo mismo que a Ana, a besarme, metiéndome la lengua hasta la garganta, su coño sobre mi abultada polla, su vestido subido, dejando ver a Ana todo su trasero adornado por un tanga negro y mis manos sobre él.

–          Queda más claro, os pido disculpas de nuevo, pero el alcohol no me sienta bien, o tal vez me sienta demasiado bien. Jajajaja – Marta

–          No te disculpes más, para nada me ha molestado, al contrario, me encanta y me has puesto muy cachonda, mucho, mucho. – Ana

–          Ahora falta que te definas tú. – Dijo Marta mirándome a los ojos sabedora de la respuesta después de lo apuntado por Ana.

–          Pues no puedo recrearlo como tú has hecho, ya que no hay nadie de mi mismo sexo, pero te contesto igual que Ana, no me considero bisexual, pero tenía esa fantasía como vosotras de estar con un tio y con ella (Ana), el otro día la hicimos realidad. – Yo

–          ¿En serio? ¿Hicisteis un trio con un tío? – Marta

–          Le conté que era una de mis fantasía, montármelo con dos tíos bisex, a lo que él me dijo que también era una de las suyas. Casualidades de la vida ese mismo día fuimos a una playa nudista y conocimos a un chico que estaba para comérselo entero, con una polla impresionante, depiladita, grande!!! preciosa!!! Jajaja y acabamos follando los tres en la orilla, junto a unas rocas donde no nos veía nadie, aunque llegó un momento que no me importaba lo más mínimo. Jajajaja – Ana

–          Joder, que fuerte, me encanta como sois, sabéis disfrutar la vida. Yo lo más fuerte que he hecho en mi vida ha sido esto, besaros a los dos y puede que me arrepienta hasta que me muera. ¿Y disfrutaste viéndola con otro? ¿Y te gustó probar tu primera polla? – Marta

–          Me puse cachondísimo viéndola comer semejante rabo, viendo como se la follaba y seguí disfrutando cuando probé su verga, apenas me cabía en la boca, inmensa, riquísima, sentí lo mismo que Ana, me encantó. – Yo

–          Sois geniales, de verdad, me encanta, habláis del tema como si nada y además se nota que lo disfrutasteis de una forma súper sana y con una complicidad total, sois una envidia de pareja, de verdad. – Marta

Ana le dio un beso en la mejilla diciéndole:

–          Tú sí que eres un encanto, dame otro beso como el de antes.

Empezaron a besarse de nuevo y Ana llevo su mano a su entrepierna, fue profundizando a medida que sus lenguas se retorcían llenas de una saliva llena de pasión. No había peligro de que viniera el camarero ya que había una especie de Tablet para hacer las comandas y para llamar al camarero, sino no aparecía nadie. Ana ya había llegado a su coñito, Marta no le había puesto ningún impedimento, al contrario, había abierto bien las piernas y yo como si de una sala porno se tratara, disfrutaba de aquel precioso espectáculo, aunque me moría de ganas por unirme. Ana le hizo poner en pie a Marta, entonces yo cambie de sitio y me senté junto a Ana, subió su falda y bajó sus bragas, dejándolas sobre la mesa, junto a las bebidas.

–          Has visto que bonito coño tiene. – Me decía Ana mientras metía dos de sus dedos en él para sacarlos empapados de toda aquella excitación.

–          Pruébalo y dime si te gusta. – Me dijo Ana metiéndome en la boca aquellos dedos empapados de los flujos de Marta.

–          Uffff!!!! Riquísimos – Le contesté a Ana después de que los sacara de mi boca completamente limpitos.

Ana se puso a comerle el coño desde su posición, mientras yo sobaba aquel precioso culo de Marta, me puse detrás suya para lamérselo al mismo tiempo que mi mujer le devoraba el clítoris a nuestra invitada. Estaba disfrutando como una loca, tenía cogida la cabeza de mi esposa para que no parara de saborear y jugar con su coñito. No paraba de decir que le encantaba que le comiéramos los dos a la vez y que se iba a correr.

–          Yaaa!!!, yaaaa!!!, no puedo más, no puedo más, joder, joder, me corroo, me corrroooooooo!!!!!!!!!!!! – Gemía sin levantar demasiado la voz.

No pude evitar pensar que sería la hostia en casa, sin tener que cortarse a la hora de gritar, igual lo hacía más alto que Ana, que ya es decir.

–          Ufff, dejarme sentar, que me tiemblan las piernas, uffff, que pasada, que pasada. Ni me acordaba, bueno imposible nunca me han comido los dos agujeros a la vez. – Marta

–          Y si seguimos en casa. – Sugerí

–          Vale, creo que será lo mejor. – Ana

–          Sí, sí, pero darme un minuto que no puedo ni andar. – Marta

Nos reímos y nos acabamos las correspondientes bebidas.

–          Ponte tu adelante ahora. – Le dijo Ana a Marta la cual obedeció sin rechistar

Al sentarse dijo:

–          Joder, me he dejado las bragas en la mesa. Qué vergüenza!!!

–          Jajajaja, regalo para el camarero, una buena propina, jajaja, seguro que está encantado. – Ana

–          Pero no sabrá de quien de vosotras es, seguro que se va al lavabo a hacerse una paja imaginando lo que ha pasado ahí. – Yo

Seguimos riendo un rato, mi mano se fue hasta las piernas de Marta mientras le decía lo bonitas que las tenía y lo rico que sabía su culo y su coñito. Se iban abriendo mientras mi mujer en el asiento de atrás se empezaba a masturbar escuchando y mirando con atención.

–          Tengo muchas ganas de follarte, de cogerte por atrás y apoyarte contra el sofá, comerte ese precioso culo mientras me deleito mirando tus divinas piernas hasta que no pueda más y empiece a follarte.

–          Joder, como me estás poniendo otra vez, estoy deseando de que me FOLLES!!!! – Dijo Marta ahora elevando el tono de voz

Mi mano ya había encontrado su clítoris, sus labios estaban empapados como antes, empecé un movimiento circular sobre ese miembro del placer femenino.

–          Enséñame las tetas, sácatelas y tócatelas mientras llegamos a casa.

No lo pensó y las sacó por encima de su camiseta, apartando la blusa y empezó a amasarlas, pellizcando sus pezones. Mientras a través del retrovisor, en el asiento de atrás, mi mujer es estaba propinando una paja del 15, haciendo lo mismo que yo le hacía a nuestra vecinita, frotándose el clítoris como una posesa.

–          Te gusta cariño. Te gusta ver como la toco. – Yo

–          Me encanta, ya ves como estoy, como el otro día, como una puta perra en celo. Quiero correrme al mismo tiempo que tu zorrita, porque ahora eso es lo que somos, dos putas con ganas de FOLLAR!!! – Ana

–          Pues yo no sé tú pero no aguanto mucho más. – Marta

–          Yo tampoco. ¿No tienes ganas de probar la polla de mi marido?, de metértela en la boca y saborearla. No es demasiado grande, tamaño medio, pero está dura como una piedra y suave como la seda. – Ana

–          Joder Ana, claro que tengo ganas, soy más puta que nunca y me pone a mil esto, tu marido sobándome mientras te pajeas en el asiento de atrás a punto de correrme y me preguntas si tengo ganas de comérsela. Uffff!!! Estoy deseando metérmela hasta la garganta, que me folle, que no pare de sentir esto que…. Joder, joder, me corro otra vez, me corrooooo!!!!, me corrrooooo!!!! Hostiaaaa!!!!, que pasada!!!  Que pasada!!! – Marta

En el asiento de atrás al mismo tiempo:

–          Yo también, yo también, me corro, me corro cariño, me corro viendo como tocas a esa zorrita, me corrooooooo!!!!!!!!!

Retorcían sus cuerpos sobre los asientos como poseídas. Estuvieron unos segundos sin decir nada. Menos mal que el coche era automático y me permitía tener la mano libre y con los cristales tintados para privarnos de las miradas ajenas.

–          No sé cómo te lo haces pero siempre acabas poniéndome como una perra. – Ana

–          Hoy no sólo a ti, a las dos y tocándome a mi únicamente. UUfffff!!!! – Marta

Entramos al parking, las dos estaban sin bragas y muy alteradas.

–          A ver preciosas, caminar delante de mí enseñándome esos bonitos traseros. – Yo

Me hicieron caso, subieron sus vestidos y caminaron con todo el culo al aire, con esos taconazos que les torneaban las piernas y sus traseros de forma escultural. Ufffff, como estaba de cachondo, Marta se había corrido dos veces, Ana una y yo estaba como una moto!!!

Nos subimos en el ascensor y empezaron a besarme las dos mientras Marta llevó su mano hasta mi paquete y Ana sobaba mi culo.

–          Que cosa más dura hay por aquí, tenías razón, la tiene muy dura. – Marta

–          Ya te lo he dicho, como una piedra. – Decía Ana mientras mordisqueaba mi oreja.

Mis manos en sus apretados culos, con un dedo de cada una en sus rajitas, disfrutando de aquellas dos bellas damas. Me quitaron la camisa antes de llegar y sobaron mi pecho mordiendo con suavidad mis pezones, jugando con sus lenguas. Menos mal que el ascensor no se paró en ningún piso antes del ático…

Busqué las llaves como pude y abrí la puerta, por fin podíamos dar rienda suelta a nuestra pasión.

–          Quiero verte las tetas, desde atrás no las he visto bien, quiero comértelas. – Decía Ana mientras arrancaba la ropa a Marta.

–          Sí, sí, cómemelas por favor, devóralas sin parar. – Marta

Yo para entonces ya estaba desnudo y me coloqué detrás de Marta, con la polla entre sus nalgas y mis manos otra vez acariciando su coño mientras Ana apretaba sus tetas y devoraba sus pezones.

–          Que tetas más bonitas tienes, estás buenísima, joder. – Ana

Marta se separó de nosotros y empezó a desnudar a Ana. Le quitó el vestido y el sujetador, no tenía nada más, las bragas deben estar por el coche.

–          Tú sí que estás buena, esto son tetas (bastante más grandes que las de Marta). Ahora me toca a mí probaros a vosotros. – Decía mientras saboreaba las tetas de Ana.

–          ¿Te gustan sus tetas? ¿Te gusta hacer realidad tu fantasía? – Yo

–          Joder, me encanta, esto es mejor que mis fantasías. – Marta

Ana se tumbó sobre el sofá y Marta se metió entre sus piernas y empezó a comerle el coño mientras cogía sus tetas con fuerza, como si se las fuesen a quitar. Yo acerqué mi polla a la boca de mi mujer mientras se retorcía de placer en los labios de nuestra directora de banco favorita. Estaba a punto de correrse en la boca de Marta, no podía más, se le notaba. Sacó mi polla de la boca sin soltarla de su mano mientras me la meneaba y empezó a gritar como una posesa:

–          Ahhhhh!!!!!!!!!!! Ahhhhh!!!!!!!!!!! Joderrrrrr!!!!!!!! Me corrooooooo!!!!!!!!!!!!!!!!! Uffff!!!! Para no haber comido nunca ningún coño, no veas como me has puesto zorrita, joder. – Ana

–          Mmmmm, que rico, es mejor que mi fantasía más cachonda, y estos fluidos son riquísimos. Había probado los míos pero estos están mucho mejor!!!. – Marta

–          Ahora cómele la polla a mi maridito, que se lo merece, está aquí aguantando como un campeón. – Ana

–          Estoy deseando probarla, tiene una pinta excelente!!! – Decía Marta mientras se la metía en la boca.

Empezó a propinarme una mamada espectacular mientras la zorrita de mi mujer me metía un dedo en el culo y cogía con la otra mano mis huevos, Marta me hacía una paja mientras me la comía. Ufff!!! Cogí a Marta del pelo, por detrás de la cabeza insinuándole que no se le ocurriera parar.

–          ¿La chupa bien la zorrita de nuestra vecina? – Ana

–          Uuufffff!!! De maravilla – Yo

–          Fóllale la boca como me haces a mí, quiero verlo, métesela hasta la garganta. – Ana

Me soltó los huevos y dejó ir mi culo. Marta estaba a 4 patas en un extremo del sofá, yo de pie enfrente de su cara metiéndole al polla en la boca, follándole la boca mientras Ana miraba el espectáculo y propinaba unos azotes en el culo de Marta, como le hacía yo a ella. Parecía que le gustaba, tan solo se encogía cuando le azotaba, pero parecía encantada. Eso puso más cachonda a Ana que cada vez le daba más fuerte, marcando sus manos en su redondo trasero. Yo la envestía cada vez más fuerte hasta el punto de que le entraban arcadas, pero ella no se apartaba, parecía disfrutar como una puta.

–          Nunca hubiera dicho que nuestra vecinita fuese tan reputa. – Dijo Ana mientras se puso a comerle el culo.

Yo no podía más y me aparté de su boca porque estaba a punto de correrme y no quería que acabase aquella noche de locura.

–          Ni yo misma sabía que podía ser tan puta, pero me encantaaaa!!! – Marta

Me senté en el sofá, Ana cogió a Marta y la hizo ponerse encima de mí, de espaldas, metiendo mi polla en su húmedo agujero. Aún llevaban las dos los tacones y eso me ponía muchísimo. Empezó a moverse mientras Ana la besaba y le tocaba las tetas, después Ana bajó hasta su clítoris y empezó a devorarlo de nuevo mientras mi polla entraba y salía de su coño.

–          Joderrrr, esto es demasiado, no aguanto ni un minuto, me encanta, me encanta!!! Uffff, uffff, me corro otra vezzzz!!!! – gritaba Marta mientras clavaba sus uñas en mis muslos con fuerza.

–          Me vais a matar, yo no puedo más, en mi vida me había corrido tres veces seguidas, estoy muerta!!! – Marta

–          ¿Y tú qué cariño? ¿No piensas correrte? Estamos destrozadas y tú aún así… – Ana

–          Estoy que me va a estallar. No puedo más, esto es la leche. Joder que zorritas sois las dos y como me gusta. – Yo

–          ¿Dónde quieres correrte? – Me pregunta a mí mi mujer – ¿Te gusta la leche calentita? – le pregunta a Marta

–          La verdad  es que no la he probado nunca, pero tampoco había probado nada de esto y me encanta, así que será cuestión de probar, ¿no? – Marta

–          No quiero que acabe mal esto, mejor probar con un poco el primer día. Cógeme la polla y hazme una paja – le dije a Marta – y tú Ana pon tu carita delante para correrme en ella como sabes que tanto me gusta. – Yo

Obedecieron sin rechistar, cada una exactamente como había sugerido.

–          ¿Te gusta cómo te la casca la zorrita de nuestra vecina? A mí me pone a mil verlo, ver cómo te coge la polla, con fuerza y con esos movimientos que nadie diría que lleva tanto tiempo sin tocar ninguna. – Ana

–          A mí también me pone como una perra cascársela a tu marido delante de tu cara, de esta cara de puta que pones. Córrete, córrete en su cara, quiero ver esta cara de zorra llena de tu leche, quiero probarla y como me guste te voy a dejar secoooo!!! – Marta

–          Pues no puedo más!!! Me voy a correr!!!! Uffffff!!! Me corrooooo!!!! – Grité mientras un chorro de leche impactaba contra la mejilla de Ana y Marta no paraba de apretar con fuerza y mover su mano en un sube y baja que me hizo estallar de placer.

–          Mmmmmm, joder, me encanta el espectáculo!!! – Decía Marta, mientras Ana se metía mi polla en la boca al mismo tiempo que aún salía semen.

Me propinó una última mamada y sin tragarse mis jugos se retiró de mi polla y besó a Marta en los labios llenándoselos de mi leche, ella sacó la lengua y la saboreó durante unos segundos para después coger por la cabeza a Ana y morrearse con ella en un beso lleno de sabores nuevos. Yo me agaché pasé mi lengua por la cara de Ana cubierta aún de ese mismo fluido para después besar a Marta y saborear juntos esa locura de noche.

Acabamos los tres destrozados, decidimos darnos una ducha juntos. Nos lavamos unos a otros, nos reímos y nos tumbamos desnudos sobre la cama. Marta decidió que era hora de marcharse, pero lo dijo por cumplir, así que no la dejamos ir y nos quedamos dormidos los tres, Marta en medio y Ana y yo abrazados a ella, acariciando su cuerpo para que se relajara y descansara después de tantas experiencias nuevas y al parecer placenteras. No tardamos en caer rendidos.

Así amanecimos, bueno primero yo, ellas seguían durmiendo y me pareció una estampa única que valía la pena inmortalizar, así que corrí a por mi cámara y les hice mil fotos sin que se enteraran, de todos los ángulos, de sus culos, de sus tetas, de sus coños, fotos preciosas…

Espero que os haya gustado, como siempre os pido vuestros comentarios y valoración para animarme a seguir escribiendo o para dejarlo. 😉

Gracias a todos.

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